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Gemelo digital del río Pasig en Manila

Retirar residuos con dragas, camiones o barreras significa actuar cuando el plástico ya ha llegado al agua. Almudena Barona, directora asociada y Water Business Leader de Arup, planteó el problema desde otra perspectiva: comprender de dónde proceden los residuos, cómo los transporta el río y dónde se concentran para intervenir antes de que alcancen el mar. El escenario elegido para demostrarlo fue el río Pasig, en Manila, Filipinas.

La magnitud del desafío quedó clara desde el comienzo. Manila es una metrópoli densamente poblada, expuesta a inundaciones, tifones y otros fenómenos extremos. A través de ella discurre el Pasig, un río de unos 25 km sometido a la influencia de las mareas. A estas condiciones se añade una enorme acumulación de residuos, con consecuencias sobre la calidad del agua, las inundaciones, los sistemas de bombeo y la navegación.

Fuente: iAgua.

El proyecto, promovido mediante una licitación internacional del Banco Asiático de Desarrollo, recurrió para ello a un gemelo digital: una representación del sistema que integra información histórica, observaciones y modelos con el objetivo de analizar su comportamiento y apoyar la toma de decisiones. Además, debía construirse sobre herramientas de código abierto para facilitar su utilización por la Administración filipina y permitir su aplicación posterior en otros lugares.

El trabajo comenzó con un modelo hidrológico e hidráulico del Pasig. Para desarrollarlo se incorporaron datos climáticos, topográficos, batimétricos, mareales y físicos. El análisis mostró una relación clara entre el caudal y el transporte de residuos y permitió localizar, mediante mapas de calor, las áreas donde tendían a acumularse. Conocer las variaciones del nivel del río resultaba importante para diseñar barreras flotantes capaces de funcionar pese a las mareas y los cambios estacionales.

A continuación, las imágenes del satélite Sentinel-2 permitieron estudiar durante años variables como la turbidez, la vegetación y la presencia de residuos. Una vez identificados los puntos críticos, se instalaron cámaras para observar con mayor detalle el paso de los plásticos. Aquí entró en juego la IA: mediante YOLO, las imágenes se transformaron en datos clasificables y cuantificables. Durante aproximadamente un mes se contabilizaron unas 330.000 unidades, diferenciando plásticos flexibles, rígidos y espumas. Saber cuánto residuo circula, de qué tipo es y cuándo y dónde aparece proporcionó la información necesaria para diseñar sistemas de retención adecuados.

Todos estos datos terminaron confluyendo en Terria, una plataforma abierta que permitió relacionar la dinámica del río con información territorial. Así pudieron estudiarse posibles conexiones entre la acumulación de residuos, los usos del suelo, diferentes áreas urbanas y las zonas inundables.

Barona extrae varias lecciones. El código abierto puede facilitar que las administraciones mantengan estas herramientas; la metodología puede trasladarse a otros ríos e incluso utilizarse para estudiar problemas distintos, como los sedimentos; y actuar preventivamente resulta mucho menos costoso que afrontar las consecuencias una vez producido el daño.

Pero quizá la idea más significativa apareció al final: un gemelo digital solo conserva su utilidad si permanece vivo. Alimentarlo con nuevos datos permite que evolucione junto al sistema que representa. El caso del Pasig muestra así un cambio de enfoque: frente a perseguir los residuos río abajo, los datos permiten anticipar su recorrido y decidir dónde actuar antes de que el problema termine en el mar.

 

Irene Arboledas Cáceres