Del papel a la tapa de registro: lo que dejan seis PERTE de digitalización del agua
Carlos Corcuera, de Aqualia, repasó cómo se ha mejorado el servicio de 1,8 millones de personas en 174 municipios
Levantar una tapa de registro no luce demasiado. Pero de ahí sale buena parte del dato que después alimenta los gemelos digitales, permite optimizar las redes y hace posible aplicar inteligencia artificial a la gestión del agua.
Este martes 29 de septiembre, en la sala Netmore del Spain Smart Water Summit 2026, en Madrid, Carlos Corcuera, de Aqualia, repasó qué se ha hecho, cómo y con qué impacto en los seis proyectos PERTE de digitalización del ciclo del agua en los que ha participado la compañía.

Fuente: iAgua
Corcuera abrió la sesión con una promesa: compartir la experiencia acumulada durante los últimos dos años desde dos perspectivas. Una, objetiva, basada en cifras. Otra, más subjetiva, construida a partir de las vivencias del proceso.
Empezó por el mapa. Seis proyectos (Vigwater, Digital Island, Anda, Campo de Gibraltar, Cantabricontrol y Realwater) agrupan 174 municipios y más de 1,85 millones de habitantes. El reto, subrayó, no fue solo técnico, sino de coordinación: Realwater, en Ciudad Real, reúne por sí solo 103 municipios, muchos de ellos pequeños.
Precisamente, esa digitalización incompleta en los pueblos pequeños figuraba entre los principales desafíos identificados. A ello se sumaban otros problemas conocidos del sector (la escasez de agua, la necesidad de reducir pérdidas o la nueva normativa de vertidos) y una dificultad adicional: ejecutar las actuaciones dentro de unos plazos ajustados, consiguiendo que los proyectos produjeran un impacto tangible para la ciudadanía. Al fin y al cabo, recordó Corcuera, era la ciudadanía la que había realizado el esfuerzo económico que hacía posible esta transformación.
Para responder a ese reto tecnológico y de gestión, Aqualia tuvo que transformarse también por dentro. La compañía adoptó una organización más transversal, con la implicación de distintos departamentos, incorporó apoyo de consultoría externa y reforzó estructuras de compras, cumplimiento normativo, gestión y justificación. La digitalización, en otras palabras, no consistía simplemente en instalar tecnología: exigía cambiar la manera de trabajar.
El resultado se agrupó en tres tipos de actuaciones. Las de tipo A son el trabajo de base: 54 auditorías hidráulicas, 57 levantamientos de redes de abastecimiento y alcantarillado (8.000 kilómetros), 58 modelos de red, 50 planes sanitarios del agua y 27 planes directores, entre otros. «Duro, pero necesario», resumió. Las de tipo B llevaron la tecnología al terreno: 685 contadores de sector, 1.100 estaciones remotas, 940 kWp de placas fotovoltaicas y más de 70.000 puntos de telelectura. Las de tipo C cierran el círculo con un Centro Operativo de Control, software para optimizar la operación de las redes y una plataforma de transferencia de datos.
El ponente cerró con las lecciones aprendidas: digitalizar el agua no consiste únicamente en acumular sensores, datos o software. Primero hay que conocer las redes, levantar inventarios, construir modelos y ordenar la información. Solo después esa información puede convertirse en una herramienta para tomar mejores decisiones. Un gemelo digital, recordó Corcuera, solo crea valor cuando se apoya en modelos calibrados e inventarios actualizados.
La reflexión devuelve la historia a su punto de partida. La inteligencia del agua empieza mucho antes de los algoritmos: en una red que alguien ha levantado sobre un plano, en un inventario que alguien ha actualizado, en un contador que alguien ha instalado y, sí, en una tapa de registro que alguien ha tenido que levantar.
Mirando adelante, el ponente vinculó estos proyectos con la Iniciativa Europea del Agua anunciada por Von der Leyen, sustentada en digitalización, renovación de infraestructuras y colaboración público-privada.
Iñigo Ozcoidi Gallues