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La gestión del agua en el Norte y el Centro de España

El agua ante el espejo: tecnología para gestionar, política para decidir

El norte y el centro de España afrontan una transformación profunda de sus modelos de gestión hídrica. Redes extensas, despoblación, incertidumbre climática y nuevas tecnologías obligan a revisar estrategias. En el Spain Smart Water Summit 2026, gestores y responsables públicos coincidieron en el diagnóstico, aunque el camino exige algo más difícil que digitalizar: decidir.

Fuente: iAgua

Hay territorios en los que gestionar el agua significa mucho más que abrir un grifo. En buena parte del norte y centro de España, garantizar el servicio implica sostener kilómetros de redes en municipios dispersos, con consumos bajos, población decreciente y unos ingresos que no siempre crecen al mismo ritmo que las necesidades de mantenimiento e inversión.

Ese escenario estuvo presente durante las tres jornadas del Spain Smart Water Summit 2026, donde representantes de organismos, empresas y administraciones municipales abordaron una transformación que ya está en marcha. La inteligencia artificial, el análisis de datos, el IoT, la digitalización, la ciberseguridad o la resiliencia han irrumpido en un sector acostumbrado a trabajar con infraestructuras físicas y ciclos de inversión largos.

David Aramburu, de URA, situó a las personas en el centro de esa transformación y planteó una visión de 360 grados sobre el estado de las cuencas. El objetivo: convertir el conocimiento del territorio en una herramienta para una gestión más inteligente y resiliente.

Antonio García Pastrana, de Aguas de Burgos, llevó el debate a uno de sus puntos más sensibles: los riesgos. La dependencia de los fondos europeos, la relación entre ingresos y tarifas, y la incertidumbre provocada por sequías, inundaciones o apagones dibujan un escenario que obliga a combinar reorganización, inversión tecnológica, comunicación y transparencia. Todo ello con una meta concreta: garantizar la sostenibilidad global del servicio.

En Gijón, Vidal Gago defendió avanzar hacia una gestión digital capaz de mejorar la eficiencia hidráulica y energética, pero sin pretender transformar un sistema de un día para otro. La experiencia y el conocimiento acumulado deben servir, señaló, para avanzar por fases. Y lanzó una cuestión de especial relevancia: la estrategia hidráulica debería quedar fuera de la discusión política.

La prevención fue otro de los ejes. Roi Fernández Añón, de Augas de Galicia, puso el foco en un futuro en el que el agua puede condicionar cada vez más el comportamiento de la sociedad. La mejora de los sistemas de alerta temprana aparece así como una pieza esencial frente al riesgo de inundaciones.

En los municipios pequeños, la pregunta adquiere otra dimensión: ¿qué capacidad real existe para decidir? Jesús Gustran, desde Alagón, y José Miguel Ezquerra, desde la Comarca Central de Zaragoza, defendieron la profesionalización asociada a la externalización de los servicios y reclamaron una planificación más adecuada para afrontar sequías e inundaciones en la cuenca del Ebro.

Desde León, José Antonio Díez Díaz defendió la gestión mixta bajo tutela pública como fórmula para combinar responsabilidad institucional y conocimiento profesional. La tarifa, planteó, debe sostener la calidad del servicio y permitir invertir en infraestructuras.

Desde posiciones diversas comparten una preocupación: el tiempo de la gestión reactiva se agota. La tecnología puede detectar, predecir y optimizar. Los datos pueden anticipar una avería o mejorar el rendimiento de una red. Pero ninguna plataforma digital decide cuánto invertir, cómo coordinar administraciones o qué modelo de servicio quiere una sociedad.

Ahí comienza el verdadero desafío.

Porque el futuro del agua no se resolverá únicamente con más tecnología. Se resolverá con conocimiento, inversión, coordinación y, sobre todo, con decisiones.

 

Rogelio Mainar Jaime

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