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Medir: del contador al dato; Cumplimiento en la monitorización de aguas residuales: lecciones del MCERTS para la TED/1191/2024

En la sala TERRANOVA del Spain Smart Water Summit 2026, Kevin Mitchell, de VEGA, propone una cadena de garantía del dato, del sensor al inspector, para aplicar la TED/1191/2024.

«Cumplimiento en la monitorización de aguas residuales: lecciones del MCERTS para la TED/1191/2024» fue el título de la ponencia de Kevin Mitchell, Water Industry Specialist de VEGA, quien explicó cómo nació el esquema que gobierna la medición de caudales y vertidos en el Reino Unido y por qué podría servir de guía para lograr datos fiables en España.

Fuente: Rafa Aparicio. iAgua

La historia del MCERTS no empezó en un despacho regulador, sino en la calle. Las compañías de agua británicas no lo buscaban: fue la ciudadanía, descontenta con su desempeño y con el impacto ambiental de los vertidos, quien empujó el cambio. Aquella presión acabó convertida en ley, y la Environment Act de 2021 obligó a las empresas a hacer sus datos totalmente transparentes. Con esa línea de base, el regulador pudo justificar programas de inversión en ciclos de cinco años, equilibrando el gasto con la justicia hacia quien paga la factura del agua. La tecnología de sensores aún no era tan fiable como hoy, pero había un punto de partida.

Los resultados, defendió Mitchell, ya se ven. En 2023, el 100 % de los aliviaderos de tormenta estaba monitorizado, y sus datos se publican en un mapa en vivo, accesible en menos de una hora para el público, las organizaciones ambientales y los periodistas. De ahí la exigencia: el dato tiene que ser lo mejor posible. Con inversiones millonarias dirigidas a productos validados por MCERTS, tanto el número de vertidos como su duración total han descendido. El camino tiene tres etapas: primero, la duración de los eventos de vertido; después, el caudal, comparando lo que entra y lo que sale para saber si hay que mejorar la operación de una planta o si el vertido es genuino; y, por último, la calidad del agua, fuera del ámbito de VEGA y con horizonte en 2035.

La clave es una cadena de cuatro eslabones para que el dato sea admisible ante la Agencia de Medio Ambiente: un producto certificado, instalado correctamente según directrices respaldadas por normas ISO e IEC, verificado por inspectores certificados de forma independiente y contrastado por laboratorios que también auditan los instrumentos. Las cifras son exigentes: una incertidumbre objetivo del 8 % en caudal y de ±5 milímetros en la duración de eventos, contando todo el sistema, es decir, sensor, instalador e inspector. El instrumento debe figurar en la lista de productos certificados, tras pruebas más duras que las habituales, como las de temperatura y humedad. El certificado dura cinco años, y el mantenimiento corresponde a la compañía.

Para España, Mitchell trazó un paralelismo con las emisiones atmosféricas, donde el MCERTS también tiene su origen. Propuso la norma EN 17694 como requisito mínimo del instrumento, la misma que ya se usa aquí, aunque no esté vinculada directamente a la TED. Medir no cambia; cambian los organismos que dan el visto bueno. Y buena parte del camino, como los requisitos físicos e hidráulicos de la instalación, ya está recorrida.

Su mensaje final fue sencillo: no basta con el instrumento adecuado si está mal instalado, ni con una buena instalación si quien la revisa no es competente. Es la cadena de competencia la que produce el dato que se necesita.

Cuando un dato puede aparecer en un mapa público en una hora, no admite dudas. Quizá la pregunta para España no sea qué medir, sino cuántos eslabones de la cadena estamos dispuestos a asegurar para que el dato merezca confianza.

 

Ana María Gómez Salgado