En la sala TERRANOVA del Spain Smart Water Summit 2026, Enrique Louzao, de Orange Empresas, defiende que el reto ya no es medir, sino saber qué hacer con lo que miden los sensores.
La ponencia de Enrique Louzao, IoT Tech Lead de Orange Empresas, recorrió las tres fases del ciclo del dato, medir, conectar y actuar, y puso el foco en la última: qué ocurre cuando la alarma ya ha saltado.

Fuente: Rafa Aparicio. iAgua
Louzao planteó el ciclo en tres pasos: primero se mide, con contadores y sensores; después se conectan esos sensores a una plataforma que permita explotar la información; y, por último, se actúa. Orange, explicó, lleva años trabajando en modelos de explotación de datos. Como ejemplo, citó su data warehouse: es el segundo usuario en España de BigQuery, de Google, cuenta con más de mil especialistas y procesa un volumen de datos comparable al de una gran tecnológica.
Los contadores actuales, recordó, ya detectan fugas y consumos y ofrecen información casi en tiempo real. Además, empiezan a llegar fórmulas más sencillas de adquirir esa tecnología, como el pago por uso, sin necesidad de una gran inversión inicial. Por eso, dijo, el reto ya no es medir, sino saber qué pasa en la red y actuar.
En conectividad, la idea es una solución para cada caso de uso. Si solo se trata de leer contadores, basta una solución sencilla; pero con concentradores, que suben muchos datos de una vez, las pruebas con LTE-M han dado mejor rendimiento en batería y en la gestión de grandes volúmenes de datos, porque el módem permanece activo menos tiempo. Orange tiene además 5G RedCap desplegado en 20 ciudades, con muchas pruebas en videoanalítica. Y añadió la vía satelital como respaldo: para una presa, un bombeo complicado o unos depósitos en la cima de una montaña, aporta redundancia y permite mantener datos en tiempo real, aunque falle otra tecnología.
La parte central fue la actuación. Una vez sensorizada la red, la detección de fugas sitúa la avería en un tramo, pero no se puede levantar una calle entera; por eso están probando la robotización, que permite investigar y acotar rápidamente el punto exacto. También mostró el uso de drones. Por ejemplo, un dron en una caja junto a un depósito que, ante una alerta, despega, hace un barrido con cámara térmica e indica si hay personas o animales sin necesidad de desplazarse. Esos mismos drones sirven para comparar con fotografías periódicas el avance de una obra con lo previsto.
Todos estos datos deben integrarse en una plataforma junto con la telemetría, el GIS, los vehículos no tripulados, el balance hídrico y la meteorología. La lluvia, por ejemplo, cambia los patrones de la gente, que acude a centros comerciales, y con ellos el consumo. A ello suma la movilidad de las personas, el entorno y los grandes eventos. Con una red bien segmentada, dijo, hasta se podrían priorizar o gestionar las presiones según esos movimientos y anticipar la demanda, algo habitual en el sector eléctrico y que, se preguntó, ¿por qué no en el del agua? La variable ambiental, añadió, cobra peso con departamentos específicos.
Su mensaje de cierre: más que un chatbot al que preguntar, hace falta un asistente que analice y aconseje de forma proactiva cómo consumir menos energía y menos agua. Al final, recordó, el cliente final es quien manda, y su satisfacción es lo que cuenta.
Medir ya lo hacemos desde hace quince años; lo difícil es lo que viene después. Quizá el mejor contador del futuro no sea el que más lee, sino el que consigue que alguien, o algo, llegue a tiempo al punto exacto donde hay que actuar.
Ana María Gómez Salgado